El actual cierre parcial del gobierno está aumentando las perturbaciones en los aeropuertos de EE. UU., con los funcionarios de la TSA cada vez más diciendo que están enfermos debido a los salarios impagos. Si bien las largas filas de seguridad son el impacto más visible, el problema subyacente es una creciente crisis de personal que amenaza con abrumar al sistema.

La escala del ausentismo

A nivel nacional, aproximadamente el 10% de los agentes de la TSA estuvieron ausentes el 15 de marzo de 2026, cinco veces más que el 2% habitual. La situación es particularmente grave en el Aeropuerto Hobby de Houston (HOU), donde el 55% de los inspectores se reportaron enfermos el mismo día, en comparación con el 41% de la semana anterior. Durante el transcurso del cierre, 366 agentes de la TSA renunciaron por completo, lo que representa aproximadamente el 0,7% de la fuerza laboral de 50.000 personas.

Este aumento del ausentismo está directamente relacionado con las dificultades financieras. Los empleados federales no remunerados luchan por afrontar gastos básicos como cuidado de niños y transporte, lo que hace imposible que muchos se presenten a trabajar. Es probable que los fines de semana y las vacaciones escolares experimenten tasas de llamadas aún mayores, ya que los padres sin ingresos no pueden cubrir el costo de la supervisión.

Por qué esto es importante

Históricamente, los cierres gubernamentales han forzado resoluciones debido a interrupciones en servicios críticos, en particular el control del tráfico aéreo. Sin embargo, esta vez, a los controladores de tránsito aéreo se les paga mientras que a los agentes de la TSA no, una distinción causada por las asignaciones de fondos dentro de los diferentes departamentos. Este desequilibrio crea un punto de presión peligroso: si los controladores de tráfico aéreo tampoco fueran remunerados, el impacto inmediato sería mucho más severo y probablemente provocaría un rápido fin del cierre.

El punto de ruptura

La tendencia es clara: las llamadas por enfermedad aumentan semanalmente y el sistema está llegando a su punto de ruptura. En Houston Hobby, el ausentismo aumenta entre un 7% y un 8% por semana, lo que sugiere que las fallas operativas totales son inminentes en algunas ubicaciones.

La retórica política que rodea la crisis es aguda. El expresidente Trump instó a los agentes de la TSA a volver a trabajar, mientras que el presidente de la Cámara de Representantes, Johnson, culpó a los demócratas por dar prioridad a los “extranjeros ilegales” sobre los cheques de pago de la TSA. Estas declaraciones subrayan la naturaleza altamente polarizada del cierre y su impacto en el personal esencial.

En conclusión, la crisis de personal de la TSA no es simplemente un inconveniente burocrático sino una amenaza creciente a la seguridad de los viajes aéreos. A menos que se llegue rápidamente a una resolución, son casi inevitables nuevas perturbaciones (y posibles cierres de aeropuertos enteros).