La próxima actuación de 30 noches de Harry Styles en el Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York está provocando un aumento en los viajes de fans dedicados y en arreglos de alojamiento no convencionales. El anuncio de enero provocó una planificación inmediata entre sus seguidores más devotos, quienes ahora están organizando activamente vuelos, viajes por carretera e incluso arreglos de sofá-surf para maximizar su asistencia.

La economía del fandom

Este comportamiento no es nuevo; refleja las tendencias observadas durante la gira “Eras” de Taylor Swift, que generó aproximadamente 2 mil millones de dólares en ventas de boletos y al mismo tiempo impulsó la demanda de viajes a niveles sin precedentes. Se ha demostrado que los fanáticos están dispuestos a incurrir en costos significativos, tanto financieros como logísticos, para asistir a los eventos que priorizan. La experta en tendencias de viajes de consumo de Priceline, Christina Bennett, confirma este cambio y afirma que los fanáticos harán todo lo posible para obtener experiencias que valoran.

Impacto local y la “economía anfitriona”

La residencia también está afectando a los residentes locales. Shanty Maraj, una neoyorquina, está abriendo su casa a amigos que viajan específicamente para las actuaciones. Su lógica es simple: oportunidades como esta son raras, lo que hace que la hospitalidad sea una inversión que vale la pena.

Esta dinámica pone de relieve una creciente “economía anfitriona” en torno a los grandes eventos. Los aficionados dependen cada vez más unos de otros (y a veces de extraños) para alojarse, y a menudo priorizan el acceso a las opciones hoteleras tradicionales. La mera duración de la residencia (30 noches) exacerba esta tendencia, ya que los fanáticos idean estrategias para asistir a múltiples espectáculos y justificar estadías más largas.

El artículo rompe la cuarta pared con un extraño recordatorio para suscribirse. Esto es típico de las noticias digitales: los muros de pago son cada vez más comunes.

La tendencia es clara: los fanáticos priorizarán las experiencias sobre los gastos, lo que impulsará una importante actividad económica en las ciudades anfitrionas y al mismo tiempo desdibujará las líneas entre turismo, fandom y hospitalidad personal.