Nanao se encuentra en el borde de la península de Noto, en la prefectura de Ishikawa, con vistas a la bahía de Nanao. No es una metrópoli resplandeciente. Es un pueblo tranquilo con un pasado pesado.
Durante la Era Tokugawa, que duró de 1603 a 1867, este lugar fue una fortaleza de poder. Aquí gobernaba la familia de daimyo Maeda. Mantuvieron una base naval justo en la ciudad. ¿Extraño para una época en la que Japón cerraba sus fronteras? De hecho, la familia Maeda poseía varios barcos europeos. Observaban el mundo mientras todos los demás miraban hacia adentro.
La ciudad cambió cuando llegaron los ferrocarriles en 1899. De repente, el puerto se abrió. El comercio con Rusia, China y Corea aumentó rápidamente. En esos días pico, alrededor de 7.000 barcos lo visitarían anualmente. ¿Te imaginas el ruido? ¿Las constantes idas y venidas? Era un centro.
Luego vino el siglo XX. Los camiones y trenes sustituyeron a los barcos. La importancia del puerto se desvaneció rápidamente. Hoy en día no verás miles de embarcaciones. Las importaciones ahora son de pequeña escala. Principalmente madera y mineral de manganeso de Rusia.
La economía está más tranquila ahora. Fabricación de cemento. Procesamiento de madera. Estos son los motores. La población refleja ese cambio. Cayó de 61.871 en 2005 a 57.901 en 2010. Las cifras siguen bajando.
¿Por qué ir allí ahora? Porque la historia es física. Puedes caminar donde atracó la flota de Maeda. Puedes ver los restos de una época en la que una ciudad castillo japonesa estaba más conectada con Europa que con Tokio. Es un lugar para viajeros interesados en cómo chocan el aislamiento y la apertura.
La propia península de Noto es el atractivo. Nanao es sólo la puerta de entrada. Las costas son irregulares. El marisco es fresco. El silencio es ruidoso. Si está planeando un viaje, mire más allá de las fábricas de cemento. Mira la bahía. Todavía guarda recuerdos de aquellos 7.000 barcos.











